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La casa vieja de las márgenes

por: Nancy Maestigue Prieto

A la sombra del muriangombe1
veo mis sueños morir,
mis penas he de sufrir
pues me tratan de múcombe2



“Novela rara, multidiscursiva y altamente simbólica, ejemplo de ficción histórica en la literatura angolana contemporánea” es parte de la valoración que hace el editor Ernesto Pérez Chang en la nota de contracubierta de la novela La casa vieja de las márgenes, del escritor angolano Arnaldo Santos, publicada por la Editorial Arte y Literatura en su colección Orbis, traducida por María Dolores Montero Flores y Rodolfo Alpízar Castillo, en la que se realiza un viaje lingüístico a “las fronteras iniciales de la angolaridad literaria.

La novela ubica a los personajes y la trama en los años finales del siglo XIX, algunos reales y otros de ficción, para revelar las particularidades de un universo culturalmente complejo que asombra. Los objetos, los lugares, marcan y “guardan en sí, los secretos y significados insospechados”.

Dividida en capítulos con una nota del autor a modo de epílogo, la obra presenta también un glosario donde el lector podrá encontrar los significados de las diferentes voces de lengua angolana.

Entre los presentadores se encontraban el escritor Jacques Dos Santos, presidente de la Asociación Chá de Caxinde, el poeta Arlindo Barbeitos y Ernesto Pérez Chang. La casa vieja de las márgenes es la primera novela escrita por Santos, y para Jacques Dos Santos la solidez de la misma —que vio la luz en la década de los noventa en una editorial del país— estriba en que marca a la literatura angolana de hoy día, y quien pueda adquirirla podrá confirmar que es una excelente obra, por su madurez, por la forma en que maneja lo tradicional de un pasado colonial, la lucha por la independencia, los conflictos humanos, con un dominio de la lengua nacional, la identidad de su pueblo y cómo unificar, magistralmente, estos elementos. La casa... se encuadra en el escenario y el lugar, logra poner a ‘hablar’ a la perfección a todos los personajes, tanto en portugués como en quimbundo, lo que pone de manifiesto el profundo conocimiento que de ambas lenguas tiene el autor. Destacó la maestría con la que describe la picardía íntima y cómo trata artísticamente los artificios hasta llegar a los defectos.

El poeta Arlindo Barbeitos, por su parte, destacó que Arnaldo Santo, para escribir esta novela,  realizó una profunda investigación con miras a lograr una interpretación antropológica, ya que quiso recoger el momento terrible de la vida de Angola que se produce a partir del cambio que introduce Portugal a su sistema de dominación, debido, entre otras cosas, a las ideas de libertad que se venían alentando dentro del pueblo y otros sectores.

Producto de ese cambio, en la novela se aprecia una pérdida de poder en los personajes angolanos y se exalta al blanco; los soldados son reemplazados, y con razón, ya que en ese momento se está gestando un movimiento nacionalista, de ahí que los personajes se muevan entre una posición y otra. Este conflicto se nos presenta a través de la tragedia de una familia que sufre la transición provocada por el poder colonial. 

La casa vieja de las márgenes es la novela de un viaje de reconocimiento y transformación. Y es también la novela de una tesis histórica”, dice Ernesto Pérez Chang, porque expone los conflictos “entre los llamados hijos de la tierra y los colonizadores”. A través de su personaje Emídio Mendoça está presente “el lenguaje, la lengua madre”, se ponen en el tapete las dinámicas establecidas entre los representantes de las diferentes clases sociales y culturales.

El viaje de Emídio no es otro que el de la actuación colonial. En la obra “se dibuja con gran maestría una parte de la historia angolana en aquella etapas de ignominia debida a la colonización, pero que generaron momentos de de clara rebeldía contra las fronteras establecidas entre los grupos”.

Al decir de Pérez Chang, en La casa... la naturaleza representa la relación entre el tiempo pasado de grandeza y el tiempo presente de incertidumbre e imaginación, símbolo de memoria viva de los espacios donde las ‘márgenes’ serán, como parafraseó, ‘lugares insoportablemente dolorosos de habitar’, pero donde ‘los despreciados y los ignorados puedan encontrar voz propia’.


1 En Quimbundo: árbol de sombras.
2 En Quimbundo: barredor.