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Mujer, historia y sociedad en la ecuatoriana Alicia Yáñez Cossío 

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

Mujer, historia y sociedad.  Esas son las rutas claves que propone el intelectual ecuatoriano Raúl Serrano para decodificar la obra de la destacada escritora Alicia Yánez Cossío (1928), una de las figuras más relevantes de la literatura de Ecuador y de América Latina.
   
Como parte de las actividades de la XXII Feria Internacional del Libro  de La Habana,  tuvo lugar este sábado una charla en la Casa del ALBA Cultural, donde el escritor y periodista hizo un recorrido por la representación de estos tres conceptos en la narrativa de su coterránea.
   
Antes de adentrarse en un análisis revelador de las casi una docena de novelas, libros de poesía y cuentos de la autora, Serrano se refirió a los determinantes contextuales que condicionaron la producción de Alicia y su aparición pública. En primer lugar, el conferencista recordó la hostilidad que rodeaba a la mujer en una sociedad burguesa, con esa ”cultura masculinizante propia del status colonial”: un panorama en el que “no era bien visto que las mujeres se metieran en cosas de hombres”, afirma Serrano.

A pesar de que la literatura femenina era casi “un acto subversivo” en esa época, surgen las novelas de Alicia Yánez, como otra forma de lucha contra esos prejuicios, para contribuir con sus experiencias y visiones a la resistencia contra el orden impuesto.  Es por ello que en las historias de la escritora se evidencia una preocupación constante por “la condición de la mujer en medio de una comunidad explotada por los poderes institucionales, la iglesia y la maquinaria del Estado capitalista”.
  
Serrano subraya que “para Alicia la novela es parte de una estrategia que le permite defender los principios de una sociedad plural e intercultural”, al tiempo que extiende también una mirada hacia otros sectores históricamente marginados. Otro de los temas centrales en la obra es la interpretación de hechos y personajes del archivo histórico de su país.
   
En sus explicaciones, el especialista ecuatoriano se detiene en la novela  Bruna, Soroche y los tíos (1971), que le valió un gran reconocimiento a la escritora, y en la que Serrando identifica una ruptura de la tradición literaria nacional, a la vez que nota en ella un “realismo hechizante, híbrido”, y  la compara en alguna medida con la emblemática Cien años de Soledad, del colombiano Gabriel García Márquez.  El relato deviene lectura crítica, un escenario en el que la joven protagonista se propone examinar sus orígenes, el mundo con el que está en desacuerdo, problematizar desde sus ancestros sobre la presencia indígena, el mestizaje y sus tramposas armonías. Otros hitos de la producción literaria de Alicia Yánez confirmarían más tarde esa misma línea temática, como sucede, según Serrano, en el libro El beso y otras fricciones (1974), unos relatos futuristas que si bien extrañan en la obra de la escritora, revelan el dolor por los problemas de su entorno.  En la novela Yo vendo unos ojos negros (1979), “desnuda ciertos dogmatismos que sostienen el feminismo en la sociedad, produciéndose una evolución en su perspectiva sobre ese tema”.
   
Por otra parte, Más allá de las islas (1980),  se convierte en una de las novelas más queridas por la autora, gracias a los aciertos en su arte narrativo, la prosa y la estructura, la muerte como otro de sus tópicos esenciales a tratar, y un estilo a medio camino entre lo épico y lo coloquial. En tanto, La Cofradía del Mullo de la virgen Pipona (1985), “le permite establecer un diálogo con agudos pasajes de la historia nacional, a través del recurso de la parodia, con dosis de buen humor, una hilarante versión de las prácticas religiosas como arma de control y sometimiento de las clases dominantes, y lo que contrariamente representa para el pueblo: un imaginario de fe y redención”. Llama la atención en esta obra el interesante “lenguaje mestizo” creado por Alicia, que mezcla elementos del dialecto quechua y el español como idioma hegemónico.
   
Posteriormente, en La casa del sano placer (1989), el escenario de un burdel deviene “metáfora despiadada de una sociedad en la que todo se ha convertido en mercancía, incluso el amor y el sexo”, apunta el especialista. 

Con El cristo feo, de 1995,  se alzó al año siguiente con el Premio Internacional Sor Juana Inés de la Cruz, en París. En la novela, la protagonista se convierte en un “ícono renovado” dentro de la estética de la escritora, que en esta ocasión recrea la enmascarada esclavitud en la sociedad moderna, cuando recrea la vida de una mujer inmersa en el mundo de la servidumbre doméstica.
  
Alicia Yáñez Cossío vivió también en Cuba, y de esa experiencia surge otro libro que se mueve entre la crónica y el testimonio: Relatos cubanos (1998).