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Cobertura informativa

Cuatro autores angolanos y sus obras

por: Nancy Maestigue Prieto

Como país invitado, Angola ha presentado durante toda la edición de la 22 Feria Internacional del Libro, Cuba 2013, a una pléyade de autores, algunos conocidos y otros que se incorporan a los diferentes catálogos de la editoriales cubanas. Tal es el caso de la Editorial Arte y Literatura, la cual  presentó el pasado 22 de febrero en la sala Cordeiro da Mata los títulos: La verdadera vida de Domingos Xavier, de Luandino Vieira, traducido por Virgilio Piñeira y Julia Calzadilla; Página y media, de Costa Andrade, cuya traducción estuvo al cuidado de Virgilio López Lemus; Manana, de Uanhenga Xitu, traducida al español por Rodolfo Alpízar Castillo y Madre, materno mar, de Boaventura Cardoso. Cuatro obras que recorren diferentes momentos en la vida de sus protagonistas, que también forman parte de esa historia del pueblo angolano.

Para la escritora Julia Calzadilla, quien también asumió la presentación, Angola ha estado muy cercana a su vida en muchos sentidos, al igual que África, porque vivió entre sus habitantes.

Al referirse a La verdadera vida de Domingos Xavier, elogió las palabras de María Teresa Ortega que introducen el texto en la primera edición, de 1985, y que nuevamente, en esta segunda, la hizo reflexionar sobre las tres historias entrelazadas por el tema, el entorno angolano, su ambiente, teniendo en los tres relatos, un desenlace trágico en la de Domingos Xavier   ̶es el personaje central de la historia  ̶; casi le cuesta la vida a otro personaje, por error de traducción de una expresión, los esbirros piensan que entre las ropas que le trae la esposa a la prisión viene un mensaje, pero en realidad era “una completa” de comida, porque la palabra que designa ambos significados tiene un doble significante en Angola, según el conocimiento de quien la utilice, pero por esa equivocación, lo torturaron salvajemente; y en el tercero, la toma de conciencia, ante un momento de debilidad, que provocó una delación, hace que ante la entereza de otro personaje que no habla, a pesar de los horrores por los que tiene que pasar, llena de dignidad a ese que, en su momento no pudo aguantar la tortura y es capaz de dar su vida. Tres relatos que demuestran la intención de su autor, y sobre todo, cómo hacer para lograr la sensibilidad, el conocimiento y la reflexión de quien se acerque a sus obras.

“Siempre nos han obligado a hablar de la ‘Madre patria’ referido a España, y a los negros traídos de África, también los obligaban a hacerlo”, fue la introducción del poeta Virgilio López Lemus, llegado el momento de presentar Página y media, con un excelente prólogo de su autoría. “De África vinieron los negros esclavos, y ahora llega Costa Andrade, traducido por primera vez en Cuba por Julia Calzadilla, y ahora Arte y Literatura hace justicia, ligando muestra sangre a la africana; ahora lo hace con este libro”.

Página y media, es una compilación de textos “que puede considerarse un libro de relatos que narran momentos de Costa Andrade” como soldado y funcionario de su gobierno después de la independencia. “Un brevísimo libro por la cantidad de páginas, pero que desarrolla temas interesantes de su protagonista esencial, contado con equívocos, humor, gracia. Es una literatura social, comprometida con su país, su historia, su realidad como testimonio importante sobre su tierra. Por el uso del lenguaje, por su fuerza, se descubre al poeta que ha sido. “Se le debe brindar el tributo que se merece esta literatura, que aún no se le ha hecho”, fue la recomendación de Virgilio y a continuación expresó que traducir del portugués de Angola es un reto, porque traducir el espíritu del angolano y que no se pierda su sentido, no es tarea fácil.

“Uno de los encantos de la literatura   ̶de la buena literatura  ̶ reside en el misterio que nos aguarda en cada libro que leemos, y si ese libro llega a nuestras manos por azar y con aires de universo literario muy diferente al de nuestro entorno, con códigos y significantes que deben ser traducidos bajo nuevas y desconocidas o poco frecuentadas claves, entonces el misterio no es un mero vocablo que denota secretos, siglos, ocultaciones o entresijos, sino verdadero misticismo porque más que una lectura tradicional, demandará del lector una maniobra entre la contemplación y la búsqueda”, fueron algunas de las acertadas palabras del narrador Ernesto Pérez Chang para referirse, a la función de la literatura y cómo Boaventura Cardoso absorbe ese “ambicioso sentido de la literatura” como un “deseo obsesivo de los buenos escritores”.

Madre, materno mar, es un libro complejo, lleno de símbolos, no es una mera fábula lo que narra, “no es simplemente una novela”, es la develación de lo desconcertante, inusual, y también paradójico, porque, aunque propone una tesis de pensamiento, lo hace con una transparencia llena de “sensualidad, refinamiento, de la palabra y el intelecto”, para dejar ver “el verdadero cuerpo: bello y violento, grácil y sarcástico, agua sobre fuego”. La novela es el pretexto, de ella se desprende una propuesta mayor: “la parálisis de Angola”.

Cardoso divide la historia en tres partes: La Tierra, El Fuego y El Agua, entrelazadas con otras, secundarias, que permiten avanzar a la principal. Con la Tierra quiere significar la vida y la muerte; con el Fuego, la vida sexual, el erotismo y la procreación; mientras que el Agua será el mundo de lo sagrado y de la religiosidad.

Madre, materno mar “introduce en la literatura angolana un nuevo tema o, dicho en otras palabras, arrastra consigo un nuevo modo de abordar temas del tiempo en el imaginario angolano, articulado a lo sagrado y a la religión, englobando la teología”. Por su parte, la reflexión va al plano del debate filosófico actual, al tener como referente el fracaso del discurso hegemónico del pensamiento de la modernidad por un lado, y por el otro, la dinámica de las llamadas sociedades de tradición. “Es una obra compleja”, porque recomienda observarla más que como una obra narrativa como una filosófica, con el objetivo de descifrar, comprender, más allá de la fábula, porque eso es Madre, materno mar, una novela a la que hay que buscarle varias lecturas.

Uanhenga Xitu es uno de los escritores angolanos que estuvo involucrado en el Proceso de los 50 (cincuenta intelectuales que fueron procesados por querer cambiar su país, por los años cincuenta). En su intervención, el lingüista Rodolfo Alpízar aclaró que el nombre del autor no es un seudónimo, como pudieran pensar algunos, sino su nombre original; y como los nombres africanos tienen un significado en sus culturas, el  Uanhenga es, entre algunos de los dichos en la sala, “Nadie puede comer mi carne”, quien escribió Manana mientras estuvo preso, y después le dijeron que lo publicara.

Manana describe la situación asimilada en Angola (renunciar a lo suyo y asimilar la cultura y la lengua del colonialista). Alpízar la consideró una verdadera obra de arte, al poseer varias lecturas, a pesar de que lo narrado pudiera considerarse muy plano: un señor casado, que está urdiendo cómo puede conquistar a una belleza, utilizando la ley de lo tradicional (en su cultura, el hombre puede tener dos o más mujeres), hace todo tipo de trampas a la familia católica de la muchacha, a la que le hace creer que es soltero (hasta su propia esposa se presta a eso) y logra hacerse novio de ella sin preocuparse de que en el futuro se entere, porque cuando eso suceda ya estará viviendo con él. El personaje se convierte en un asimilado para poder obtener a la joven, no podía hablar en su lengua para poder ascender. La contradicción entre las dos culturas es la que rompe la lectura “cómica y comienza el verdadero desastre”.

Simpática y representativa de los angolanos de los años cincuenta, Uanhenga Xitu ofrece en Manana una posibilidad de enfrentar su lectura sin prejuicios para buscar ese sentido colateral que encierra en sí misma.