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Cobertura informativa

El teatro del insólito Nicolás Dorr

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

Burlando el refrán de que “segundas partes nunca fueron buenas”, ve la luz el excelente volumen Teatro Insólito 2, del dramaturgo cubano Nicolás Dorr. Su presentación transcurrió en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) como en un soplo de arte conjurado: entre las carcajadas que provocaron las ingeniosas palabras del autor y la actuación de algunas de las escenas incluidas en el texto.
   
Como parte de la XXII Feria Internacional del Libro de La Habana, y diez años después del primer libro homónimo, la Editorial Unión ha incluido en su colección Contemporáneos esta nueva reunión de textos de quien es considerado uno de los autores imprescindibles en la historia del teatro cubano.

La editora Thelma Jiménez apuntó dos virtudes fundamentales que caracterizan este texto. Una de ellas es que por primera vez se publica El agitado pleito entre un autor y un ángel (Premio UNEAC 1972), junto a las cinco piezas cuyos personajes dieron origen a esta obra (El palacio de los cartones, Las pericas, La esquina de los concejales, Maravillosa inercia y Clave de sol). Otra bondad es la aparición de cuatro obras de reciente creación, Breve temporada de invierno, Gran taller de actuación, y La profana familia, que ya han sido estrenadas en Cuba y otros países, y la inédita Diálogos a media tinta.

Como rasgo esencial de esta propuesta literaria, Thelma Jiménez apunta que “estos textos insisten en el sello creador que ha caracterizado al teatro de Nicolás Dorr: el gusto por lo insólito, presente en la originalidad de sus historias, personajes y diálogos”.

En cuanto a la trascendencia de los primero textos reunidos, la editora afirma que Nicolás Dorr “con estas cinco obras nos ha dejado una colección sorprendente, en las que reina libre la mente extravagante de un joven cubano, con toda la arbitrariedad y el sortilegio verbal de quien observa y juega desde su nivel, pero que, al mismo tiempo, escribe una obra de teatro”.
   
El intelectual Matías Montes Huidobro se refirió también a esas obras como “un documento escénico del teatro cubano digno de tomarse en cuenta para obtener una más clara visión de las complejas relaciones entre realidad y fantasía dentro de un proceso revolucionario”. Estas palabras se suman a una selección de artículos incluidos al inicio del libro, en los que la editora y personalidades como Antón Arrufat, Rosa Ileana Boudet y hasta el propio autor, reflexionan sobre la estética y aportes del dramaturgo.
   
En su intervención, Dorr se refirió, entre otros asuntos, a los valores visuales que complementan este volumen, como la portada ilustrada con un cuadro del pintor mexicano Carlos Navedo, que lleva coincidentemente el mismo título de una de las obras compiladas, “La profana familia”. Otra de las cualidades que resalta el autor es la inclusión de una imagen de la puesta en escena de cada obra, en el caso de las que ya han sido representadas.
    
Amén de que se le encasille en la categoría artística de “dramaturgo”, el propio Nicolás Dorr se autodefine como un “escritor teatral”, pues advierte que  “cuando se habla de literatura cubana, se suele excluir el drama”. Y añadió  que los libros han permitido que sus obras se trasladen en el espacio y el tiempo, para ser representadas incluso sin su participación directa, precisamente por tener la posibilidad de establecer “un diálogo dual, con los espectadores y lectores”.
   
Bien sean primeras o segundas partes, lo cierto es que el tiempo no menoscaba ni un resquicio de su creatividad, y para atestiguarlo, Nicolás Dorr dejó por escrito en el pórtico de su libro que “han pasado ya algo más de cincuenta años de mi primer estreno teatral, pero les confieso que sigo creando historias y personajes insólitos, con el mismo entusiasmo y energía de aquellos años infantiles, como un eterno niño que juega al teatro”.