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Cobertura informativa

Tres poemarios y el desafío de un narrador en Ediciones Sed de Belleza

por: Milan Paz

Sed de Belleza, la más antigua de las editoriales de la Asociación Hermanos Saíz, ha traído desde Santa Clara, como parte del catálogo del 2012, el libro de cuentos Si vives lo suficiente, de Ernesto Peña González, y los poemarios Summer, de Serguei Martínez; La casa del vacío, de Irina Ojeda y El día que vendimos todos los limones, de José Miguel Gómez. Una clara apuesta por la mejor literatura escrita por los jóvenes, presentada en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba.

Summer (Premio Sed de Belleza 2011) no pretende apartarse ni un milímetro de las calles por las que camina su autor, es un poemario que nos conduce a través de un verano que se alarga y nos devasta en silencio como “el oro en el fondo del cielo, un sol gladiador golpeando toda la tarde, desaforadamente, y los caballos al atardecer, pastando, olvidados de todo, felices”.

Desde el centro de su ciudad, de sus deseos y recuerdos, Serguei Martínez atestigua un verano que desmiente el exotismo y glamour de las postales turísticas. Es el verano real, obligatorio, de las calles amarillas, incandescentes que todos conocemos. “Serenamente amargo, equilibrado y punzante, en este conjunto de poemas se asiste a la amabilidad de las bellas imágenes y al destello de las ideas penetrantes”.

En La casa del vacío asoman décimas y algunos sonetos intercalados con haikus que armonizan su estructura, una manera de convivir en una habitación cerrada con una búsqueda interior donde la familia, los recuerdos de la infancia, el amor, el mundo que late fuera de esa habitación, son pretextos para el aislamiento. En este poemario profundo, desgarrado, preciosista y escrito con oficio ‒como señala la contracubierta‒ Ojeda realiza el intento por salvaguardarnos, por encontrar la paz como símbolo de un cauce insatisfecho.

El día que vendimos todos los limones se divide en dos secciones, una que da nombre al título, la otra “El día que no”. Curiosidad y acercamiento a las respuestas revelan la esencia del poemario donde “la curiosidad llega, apenas imperceptible, al trazar el hambriento recorrido del tiempo sobre lo que conforma la imagen del poeta desde lo más íntimo y cercano”.

La brevedad de los poemas, la sencillez, es simple apariencia donde cada palabra sugiere múltiples asociaciones y descubrimientos. Las pérdidas, la soledad, la desesperanza y la desilusión, comparten roles y se resumen en un acto equivalente a “desprendernos de todo lo que nos pertenece sin dolor, similar a nuestros antepasados, que supieron  y pudieron perderlo todo con una entrañable dignidad”.

Por último Si vives lo suficiente, de Ernesto Peña González, se nos presenta en la forma de supervisores, maestros cronistas, anfitriones, “seres cuyas prolongadas existencias les hacen partícipes de una lógica vital capaz de trastornar el curso normal de la Historia”. Los conflictos no por fantásticos se apartan de las más ancestrales inquietudes humanas como la posibilidad de reencontrarse con los muertos, ver el futuro, moverse entre los mundos posibles.