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Cobertura informativa

Dimensiones de la hostilidad

por: Wilber Gómez

“Es un libro que nos lleva a lo largo de toda la historia cubana. Es muy práctico para los lectores por el lenguaje sencillo y directo empleado. Incluye los vínculos y enfrentamientos con los Estados Unidos en toda su magnitud y en todos los ámbitos, político, económico, social y cultural. Algo que se inició desde el primer grito de independencia patria. A través del mismo, también podemos entender el por qué del ensañamiento de ese gobierno con nuestros cinco héroes”. Lo anterior fue resaltado por el presidente de Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, durante la presentación en la Fortaleza de La Cabaña, este 22 de febrero, del interesante título: Cuba-USA. Diez tiempos de una relación, de Ramón Sánchez Parodi.

La historia de las relaciones entre los dos países, desde 1776 hasta el siglo xxi,  fundamentalmente el diferendo entre ambos a partir del triunfo de la Revolución en 1959, es contada en detalles sobre la base de documentos históricos y de las propias vivencias de su autor, protagonista de esa confrontación en las últimas décadas. El escritor ahonda en la política de hostilidad imperialista durante los últimos cincuenta años y en las posiciones de resistencia del pueblo cubano en defensa de su soberanía plena, la independencia y la integridad nacional ante la persistente hostilidad de Washington.

Según aclara Sánchez Parodi en su libro, para que se establezcan por primera vez en la historia contemporánea vínculos armoniosos entre ambos lados del estrecho de la Florida, es necesario fundarlos sobre bases de colaboración recíprocas y con espíritu de respeto mutuo. Esta visión se puede facilitar por la cercanía geográfica entre los dos países, por los nexos históricos que han unido a uno y otro pueblo en la lucha por la independencia y el progreso social, por los relaciones culturales que se han formado a lo largo del desarrollo de sus respectivas sociedades, por las ventajas competitivas que se presentan en el terreno económico y comercial, por los intereses mutuos en la protección del medio ambiente de la región que cohabitamos y, sobre todo, por la obligación que tienen ambos gobiernos de actuar en el concierto universal para promover la colaboración y preservar la paz en el precario mundo que constituye nuestra casa común.

Según el autor, la solución de ese diferendo histórico sitúa a Cuba ante una alternativa: o se consolida como nación soberana e independiente y su pueblo se ve libre de la injerencia y la dominación extranjera, o se convierte en un apéndice de los Estados Unidos. La opción es obvia. No en balde la consigna asumida por nuestro pueblo desde los primeros años del triunfo revolucionario del 59, aquella que rememora la de “Libertad o Muerte” de los luchadores anticolonialistas del siglo xix,  es “Patria o Muerte”, convencidos de que “Venceremos”.