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Aventuras del viento en noche de luna llena para alimentar la imaginación

por: Martha Isabel Andrés Román

Para el escritor y periodista Sergio Morales Vera, la condición de poeta y creador obliga a mantener vivo el espíritu atribuido a los niños: la curiosidad permanente, la inquietud, la capacidad de asombro. “Sin eso nos volvemos verdaderos adultos”, expresó a Cubaliteraria.

Quizás sean esas cualidades, ese aliento aún lozano e infantil, el que lleva a Morales a escribir para los más pequeños,  a quienes está dirigido su volumen Un cuento grande y otro chiquito, presentado el viernes 22 de febrero en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba bajo el sello de la editorial camagüeyana Ácana, como parte de esa fiesta literaria que es la 22 Feria Internacional del Libro, Cuba 2013.

“Aventuras del viento”, ese es el nombre del cuento grande, con personajes traviesos y juguetones, como deben ser los de una obra que tenga al viento por protagonista. Pero ese personaje principal estaba aburrido, solo bostezaba y se rascaba la nariz, se encontraba en medio de una inercia que parecería extraña para alguien de su condición.

“¿Qué rumbo tomar, hacia el llano o hacia la montaña?”, es la disyuntiva a la que se enfrenta el viento desde las primeras páginas, porque, como confiesa a una mariposa, está cansado de ver siempre lo mismo. “Será porque siempre las miras con los mismos ojos”, fue la respuesta de su interlocutora, que sin embargo, no pudo ayudarlo con la decisión de qué camino seguir.

“El cuento grande es travieso, aventurero como su personaje: el viento. Va de aquí para allá, retozando por la llanura, sin saber qué quiere. Hasta que sube a la montaña y encuentra a…Marilinda”, así nos adelanta la nota de contracubierta las peripecias de este cuento grande, invitación para descubrir qué le espera a ese personaje en sus viajes.

El cuento chiquito, por su parte, es amistoso, “como sus personajes: un perro, un gato, un ratón y un oso de peluche. ¿Crees que ellos cuatro logren divertirse?”, continúa el convite para que pequeños, y según afirmó el autor, otros no tan pequeños, compartan los acontecimientos que vive este singular grupo.

“Paseo en noche de luna llena”, así se llama el segundo cuento, chiquito, como lo ha calificado el escritor, para quien aunque los años pasen, si seguimos siendo niños y conservando la imaginación y la necesidad de crecer permanentemente, estamos en un acto de juventud.

“Por tanto, uno defiende la imaginación y la ternura, sueña y vive encontrando el asombro permanente y quiere unir esa manera de pensar con más experiencia para entender las cosas a través de lo que se ha aprendido”, manifestó Morales a Cubaliteraria.

Interrogado sobre la relación que se establece entre el autor de literatura infantil y sus lectores, el narrador y poeta consideró que más allá de las presentaciones o el contacto directo que pueda haber con el público, en el momento de la lectura es cuando realmente se establece ese vínculo.

“Este libro yo lo presenté en Camagüey y los organizadores buscaron una niña que hizo una narración oral de uno de los cuentos. En ese tipo de presentaciones uno puede tener una referencia del modo en que son acogidos los textos”, expresó el autor.

“Pero en el caso de los niños, y también de los adultos, la lectura es un oficio solitario. El niño lee y se imagina lo que está leyendo, y ese es el momento en el que el escritor se realiza, cuando quien tiene la obra en sus manos se divierte, se identifica con los personajes. Las lecturas públicas pueden ser interesantes, pero la lectura de un libro es un acto solitario”, remarcó.