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Cobertura informativa

Se entregan los premios Novela Alba Narrativa 2013

por: Nancy Maestigue Prieto

Hoy, 22 de febrero, en la 22 Feria Internacional del Libro Cuba 2013, se realizó en la sala Nicolás Guillén la ceremonia de entrega del Premio y Accésit del IV Concurso Latinoamericano  y Caribeño de Novela Alba Narrativa 2013, además de la clausura del III Encuentro de Jóvenes Creadores, y la presentación de los premios del 2012, que contó con la presencia de Rafael Bernal, ministro de Cultura de Cuba; Ismael González, coordinador del Alba Cultural, Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro; Edel Morales, vicepresidente de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro y Marilyn Bobes.

El poeta ecuatoriano, Freddy Ayala Plazarte fue el portavoz de la conclusión del evento de jóvenes creadores que sesionó durante estos días en el Centro de Creación Literaria Dulce María Loynaz, con jornadas de intercambio en la sede de la Asociación Hermanos Saíz en el Pabellón Cuba.

Sus palabras fueron emblemáticas del poeta, portador de una filosofía contemporánea de enfrentar los problemas actuales de los jóvenes dentro y fuera de la creación.

Durante el encuentro se pudo reflexionar sobre la falta de un conocimiento profundo sobre lo que acontece en este lado del mundo, pero dejó claro que a través de la literatura joven se puede llegar a un cuestionamiento para dar un resultado en permanente construcción sin pensar solo en la edad, sino también en el uso del lenguaje, porque “las palabras siempre serán jóvenes, aunque las manos envejezcan”.

En sus palabras se percibió que muchos fueron los jóvenes escritores que confrontaron, desde una mirada crítica, su modo de pensar y de crear. Consideró que la mejor literatura joven actual está en Latinoamérica y el Caribe, porque no está marcada por los cánones tradicionales.

Para Freddy, este tipo de encuentro debe darse en Cuba, por sus propios espacios (sobre todo los de La Habana Vieja), pues permiten esa vista atrás por sus calles, sus sitios, toda ella.

Terminadas las palabras de este poeta ecuatoriano, Rafael Bernal e Ismael González,  hicieron entrega de las distinciones de los premios del año anterior.

Marilyn Bobes, como miembro del jurado del concurso de los premios que se presentaron, consideró que todos los textos seleccionados concitaron las mayores discusiones, por sus diferencias contextuales, por la similitud en la calidad escritural; al final, todos quedaron tranquilos, por la inquietante decisión a tomar en el análisis del trabajo de Claudia, que trataba un tema tan viejo como el amor, pero con una relectura de la fábula, pues solo en el siglo XXI podía cambiar, con el uso de la informática en un libro que rezuma autenticidad. Tomó como referencia de lo que expresa el libro la nota de contracubierta para marcar «la falacia de los cuentos de los cuentos infantiles con los que establece una parábola moderna, porque los “príncipes” no son tan ideales ni las “princesas” tan ingenuas».

El libro de Evelio Traba, La concordia, es cautivador, por estar apegado a lo mejor de la literatura universal con una riqueza sicológica del vocabulario, que demuestra su interés por la literatura desde que era un niño. Narra acontecimientos genuinos y fábulas, donde una ciudad con trasfondo erótico y homoerótico es la protagonista.

Aseveró, Bobes que son textos diferentes, que con seguridad complacerían al público que se acercara a ellos, para disfrutarlos y enriquecerse con el «contrapunto» de ambos.

Evelio agradeció la posibilidad de estar en este lugar, y con una sencillez natural, expresó que el libro es el producto de la soledad desde donde escribió, y que su referente para contar la historia fue su abuelo. Quiso atrapar lo nacional, pero también lo universal, ir desde «lo aldeano a lo universal» (hizo pensar en Martí), con el hombre y su esperanza. Apostó por sí mismo en el uso del lenguaje, en el uso del castellano, porque está a favor del idioma, ama el español, y con él rescatar al lector para que se vea en un espejo. Cree que logró lo que buscaba. Escribió a mano todas sus páginas. Está convencido de que «sin pasión no se puede escribir», que hay que hacerlo desde lo más íntimo. Tiene como aspiración que «el libro forme parte de sus vidas».

Claudia Aplabaza se sintió feliz de estar en Cuba, porque ha realizado un viaje en el que se ha encontrado con muchos amigos. Contó que detrás de la novela yace un pasaje de su vida, que nació en Barcelona y termina aquí. Cuando la escribió dejó atrás «una historia que fue muy triste»; y al referirse a Goo y el amor dijo que «hay algo extraño en este libro, algo que se conjugó fuera de mí». Para ella  “es Cuba”, porque su relación con un cubano es lo que lo marcó, y como un elemento jocoso, ella ganó el Premio Alba Narrativa, y el personaje leimotiv, se fue con Alba. Agradeció a todos los que de una forma u otra tuvieron que ver con la edición, publicación y presentación de su obra; a sus padres, su hermana, a los amigos que la acompañaron.

Con la seguridad de que no adelantaría nada de la trama, expresó que por ser un libro experimental, podía leer el final, un poco para incitar a la lectura; y lo hizo; y efectivamente, despertó el interés de los presentes.

Edel Morales, como coordinador, expresó su satisfacción y agradecimiento a los escritores, por haber enviado sus novelas al concurso. Destacó el trabajo del jurado por su limpieza y transparencia, por tener presente para las decisiones, la contemporaneidad que exige una nueva visión de la literatura, y específicamente la narrativa. Hizo alusión a todas las novelas premiadas en estos cuatro años y reconoció a la Editorial Arte y Literatura, al trabajo realizado por las editoras y los diseñadores de las cubiertas.

Llegó el momento de dar lectura al acta de premiación y para ello tomó la palabra el escritor venezolano Gabriel Jiménez Emán, presidente del jurado, integrado además por Claudia Apablaza de Chile y Carlos Esquivel Guerra de Cuba, quienes consideraron otorgarle el Accésit al texto Elogio del cadáver, del chileno Cristian Barros, por sustentarse en “una minuciosa investigación histórica con un loable esfuerzo artístico, apuntando hacia una obra de ambiciosa arquitectura literaria”, así como por el manejo del lenguaje con el que supo captar los giros del habla inglesa. Asimismo decidieron otorgarle el Premio Alba Narrativa a Reflexiones de un cazador de hormigas, del argentino Diego S. Lombardi, por la fuerza que alcanza en su brevedad donde “mezcla con un punto de vista fresco, las nuevas formas de relaciones del siglo XXI, conjugando elementos como la locura del mundo virtual, la ironía el mundo de la tecnología, las obsesiones excéntricas del personaje, teorías acerca del vegetarianismo, las disciplinas orientales, la maternidad en el siglo XXI, la constatación de paralelos que colisionan sus márgenes, la historia de una no historia, haciendo de este texto una apuesta compleja y vital”.

Se presentaron las publicaciones de los premios del año anterior, se dieron a conocer los de este año, queda abierta la incógnita de quiénes serán los ganadores del 2014.