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Un “collar de piedras” para la geografía cubana

por: Onaisys Fonticoba Gener

Como una isla dentro de otra, el pedraplén Caibarién-Santa María emerge de las aguas del norte de Cuba. En constante lucha contra uno de los misterios más deslumbrantes para el hombre: el mar, su figura casi no da fe a los ojos de quienes le transitan de un extremo al otro y, como el Diego Kovadloff de Eduardo Galeano, piden “¡Ayúdame a mirar!”.

Es la misma sensación de encuentro con la naturaleza, con los azares del hombre para lograr sus empresas y con su creatividad, la que produce Collar de perlas, de Tomás Cárdenas  García y Nadia Orozco, título que reseña la realización del proyecto desde sus orígenes hasta convertirse en una de las obras de la ingineria más destacadas pertenecientes a la arquitectura civil cubana.
 

Merecedor del Premio Internacional Puente de Alcántara en su VII Convocatoria, el pedraplén de Villa Clara «se alzó sobre un sitio de aguas contaminadas que, luego de su construcción, fue rehabilitado» señaló el primero de los autores durante la presentación del texto en la Casa del ALBA Cultural.
 

El texto no solo aborda la ejecución de la obra, sino también el proyecto investigativo que la originó, afirmó Cárdenas García. El momento más impresionante de la obra –acotó- fue cuando se unieron los dos lados del terraplén que venían construyéndose: representaba la cúspide del esfuerzo de todos los que estábamos ahí. Eso superó, incluso, la imagen de las 1 500 personas que se presentaron el primer día de construcciones.
 

Nadia Orozco, por su parte, aludió a la connotación del pedraplén dentro de la arquitectura civil cubana, construido con el máximo respeto hacia el medio natural y de indudable trascendencia para el desarrollo del país.
 

La autora hizo especial mención a la figura de Fidel, al impulso que dio a la obra y a la atención que le prestó en todo momento. En agradecimiento a ello le dedicó uno de los ejemplares.
 

Durante la construcción del pedraplén, Cárdenas y Orozco trabajaban en la sede del Partido provincial, él fungía como primer secretario. Juntos vieron erigirse las aspiraciones de unir la tierra firme de Villa Clara con la de la cayería norte, zona vital para el desarrollo turístico del país que posee la segunda formación de manglares más importante del territorio.
Ambos autores fueron testigos y actores de la obra, y como tal, narran en el libro detalles que humanizan y enriquecen su historia. Según comentó la escritora Katiuska Blanco, esa es precisamente una de sus principales virtudes: que no fue escrita por especialistas, sino por protagonistas que con sus anécdotas y experiencias logran relatar un acontecimiento cimero de la ingeniería nacional.
 

Collar de piedras fue editado por la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.