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Poesía a través de un lente que retrata la ciudad de las Artes

por: Martha Isabel Andrés Román

A orillas del río Quibú, en la periferia de La Habana, las zonas de  verde prado recuerdan el antiguo campo de golf. (…) En el ambiente bucólico, algún estudiante ensaya sus ejercicios de violín. Pero, el paisaje ha sido transformado por los perfiles de insólitas construcciones, diseñadas a contracorriente del funcionalismo. 

Con esas palabras, la prestigiosa intelectual Graziella Pogolotti se ha referido al espacio que hoy ocupa la llamada ciudad de las Artes.

Hace pocos días, el conjunto de edificaciones que conforman la Escuela Nacional de Artes (ENA) y el Instituto Superior de Artes (ISA) fue declarado oficialmente Patrimonio Nacional, por ser considerado uno de los ejemplos más sobresalientes de la arquitectura moderna y un hito de la arquitectura de la Revolución, según expresó Gladys Collazo, presidenta de la Comisión Nacional de Patrimonio.

Ese reconocimiento demuestra la trascendencia, en el plano arquitectónico, de un grupo de escuelas que han impulsado el desarrollo y fomento de la cultura cubana. Y es un motivo más para la presentación, en la 22 Feria Internacional del Libro Cuba 2013, del volumen Restauración: el anillo y el estanque, del fotógrafo Ossain Raggi, quien ofrece una mirada personalísima de esas construcciones, tras su llamado seductor.  

 Rafael Acosta de Arribas, en sus palabras iniciales de presentación comentó que:

Un libro de fotografías implica la lectura de imágenes, un ejercicio diferente al que requiere un libro de prosa o poesía, por ejemplo. Se trata de una mirada que palpa los límites invisibles entre lo obvio y lo artístico, lo estéticamente disfrutable. El artista nos ofrece lo que quizás no vieron nuestros ojos o no puede retener nuestra memoria. 

Aparecido bajo el sello del ISA, Ediciones Cúpulas, esta propuesta —lanzada en la tarde de ayer, 21 de febrero en el Centro Cultural Dulce María Loynaz— resulta una invitación sui géneris, pues no abunda dentro del panorama editorial cubano la publicación de obras que tengan a la fotografía como plato fuerte.

Por su parte, el autor precisó que el libro es el resultado de seis años de trabajo; cinco de ellos tomando las fotos y uno dedicado a su confección. Raggi partió de más de mil imágenes que luego se redujeron a 180, las cuales,  definitivamente, se insertaron en el texto. El hecho de que el artista haya captado más de un millar de instantáneas, anuncia al lector-espectador la familiaridad y el grado de complicidad logrado con el espacio, y que va más allá de una perspectiva de apropiación personal.

«El aliento de la poesía se respira por doquier en una primera, segunda y hasta tercera lectura», manifestó Acosta, e hizo referencia a la vastedad y diversidad temática presente en la obra de Raggi que, «como profesor posee larga experiencia, y la fotografía se ha convertido en una suerte de segunda naturaleza».

Aunque en el momento de la presentación de Restauración: el anillo y el estanque, el público no pudo acceder al libro, pues problemas burocráticos impidieron su la venta en el momento planificado, los asistentes pudieron disfrutar de la proyección de muchas de las imágenes reunidas en la obra; imágenes centradas en el proceso de restauración de las edificaciones.

«En el libro de Raggi, las escuelas de arte se presentan como una realidad viva, palpitante, es el estado de gracia de una escuela en pleno movimiento», puntualizó Acosta, para quien el resultado general del trabajo destila esperanza.

De acuerdo al análisis del presentador, el artista empleó tonos oscuros, y zonas abiertas y claras que reflejan el equilibro de la vida. «Es un volumen de bello diseño y formato funcional y fresco. Es el libro cubano que se merecían estas escuelas», remarcó Rafael Acosta.