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Hurgar en el nocturno corazón de África

por: Maydelis Gómez Samón

«Crecemos mutilados como la noche/ iluminada por el destello de las bayonetas/ hasta el hueso intempestivamente negro del asfalto/ y una voz vigorosa de mil águilas/ nunca más anida en nuestros pechos:/ “yo voy a morir en Angola/ con un arma de guerra en las manos», así de fascinante son las imágenes que encontramos en las más de 150 páginas de Africalema, poemario del angolano José Luis Mendonça.

En su obra ensaya un verdadero ejercicio de diálogo con el instante «El instante de la fascinación que la belleza de las palabras provoca, el momento de goce del verbo, del que sugiere, y del vértigo que se confunde, no raramente con el momento del encanto, mejor, del encantamiento. Después, las palabras comienzan a construir imágenes visuales, sonoras, olfativas, táctiles, pero también mentales, que convergen en el tiempo vivido», afirma la escritora saotomense, Inocencia Mata en la nota de contraportada.

Con habilidad y maestría en el uso del lenguaje, Mendonça agrupa su poemario en 10 sugerentes acápites: “Lluvia de noviembre”, “Jerga de cacimbo”, “Las manos en la piedra más negra”, “Quiero despertar con el alba”, “Logaríntimos del alma”, “Si el agua hablase”, “Ngoma de negro metal”, “Marea desnuda” y “Un vuelo de mariposa en el mecanismo inerte del tiempo”.

A través de metáforas muy bien logradas, el poeta nos ofrece una obra comprometida con su continente y su tiempo. Pero no solo con versos defiende su realidad, también posee una destacada labor como periodista. Estas vivencias, confesó durante la presentación de Africalema «lo inspiran también en el momento de escribir».

La sala Cordeiro da Mata, acogió la presentación de esta obra, en la que según su traductor, Fidel Fidalgo, se respetaron las palabras que no refieren el origen en lengua portuguesa, ya que provienen del quimbundo, dialecto angolano generalizado en las provincias del norte y centro del país.

El volúmen es una excelente manera de acercarnos a la literatura actual de Angola,  pues Mendonça figura entre las grandes voces de esta nación que hurga en el nocturno corazón de su continente. Sin dudas, su obra nos demuestra que “Los poetas no van para el cielo/ ellos ya están en el cielo/ con sus ojos ciegos abriendo/ el ovillo de las palabras por decir./ Por eso los poetas no mueren/ se transforman simplemente/ en el esplendor de ese día/ que crece entre las líneas de las manos”