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Cobertura informativa

De Pedro Pablo, Martí. De Martí, Pedro Pablo

por: Ernesto Cuní

Un acercamiento íntimo entre el binomio Pedro Pablo Rodríguez-José Martí constituyó el espacio Encuentro con… conducido por Magda Resik en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, como parte de las actividades de la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana 2013 que allí se desarrollan.

Como preámbulo al intenso periplo que realizará por toda la isla, este  contacto con Pedro Pablo devino salvoconducto y confirmación de “alguien que está de moda por estos días, una moda sana; alguien conocedor a la hora de evaluar la figura de José Martí”, como expresara Magda en sus palabras de presentación.

Y es que para un hombre que le llegó la estampa martiana desde niño, aunque en ese momento sin la pasión que más tarde lo inundaría, el espíritu del Apóstol forma parte de su ser: “Desde niño Martí estuvo dándome vueltas en la cabeza. Estando en cama, mi mamá me leyó La Edad de Oro. Sufrí mucho con los griegos que aparecen en ese texto y disfruté de lo lindo con el héroe argentino San Martín”.

Sin embargo, el verdadero amor por el Héroe de Dos Ríos le llegó, según refiere, cuando era profesor del antiguo Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, al instaurarse allí un curso de pensamiento dirigido al claustro de profesores: “Me tocó el de Martí, de pronto quería leerme los 27 tomos de sus Obras completas. De ese curso surgió mi primer texto martiano”, subraya el también Premio Nacional de Historia.

De ese apego a Martí, surge un irrefrenable ardor por el estudio de su obra y personalidad, a tal límite que lo convierte en uno de los investigadores más acuciosos sobre el Maestro, ganándose por derecho propio la responsabilidad de evaluar la edición crítica de las obras del Apóstol y de la que comentó: “Ha sido el centro de mi trabajo desde 1994, es una labor agotadora. Abel Prieto dijo en algún momento que era el trabajo editorial más complicado de Cuba y lo he podido constatar. Surgen problemas como la ortografía, propia de José Martí; la manera particular en que utilizó los signos de puntuación y, otras tantas. Leer su letra es una cosa tremenda. Por su caligrafía hasta se puede conocer el estado de ánimo en que se encontraba”.

Se observa en Pedro Pablo el respeto por el uso ‒exclusivo‒ de la gramática en José Martí. Puso de ejemplo el mal proceder de algunos editores que se han enfrentado a los textos martianos: “Han cambiado palabras desconocidas y signos de puntuación porque no han consultado diccionarios de la época. Son dificultades enormes que debe enfrentar el editor, quien debe respetar la norma autoral de cualquier escritor. Martí utilizaba en sus escritos recursos propios de su oratoria, la mayoría de las veces difíciles de interpretar, es difícil de mantener la unidad en sus textos”.

Sin embargo, a la hora de una definición exacta sobre la edición crítica, no puede haber una conclusión exacta y absoluta, de manera que puntualiza: “Nadie se ha puesto de acuerdo en qué son las ediciones críticas; ¿qué hacer con los manuscritos llenos de cambios hechos por el propio Martí, qué idea aclarar, cuál frase destacar? En fin, lo mejor es dar las diferentes variantes del texto en cualesquiera ediciones críticas existentes”.

A pesar de ello, toda esta confrontación y beligerancia con la letra martiana, la misma le ha reportado beneficio: un conocimiento más profundo de la vida y obra del poeta, aclaró Pedro Pablo.

Demostrado está el talento y capacidad de Pedro Pablo Rodríguez como escritor, sin embargo, se ha dedicado al estudio de la obra martiana. Sobre este particular declaró: “Si te mueve la vanidad de que tus libros estén primero, nunca aprenderás. Con Martí todos somos eternos aprendices”.

Y esto lo confirma al describir al Martí hombre, humano: “Es imposible no darse cuenta del Martí hombre en la lectura de sus textos, revelan su conducta, su ética y su humanidad”.

Evaluó la capacidad de convocatoria social y ontológica que provocaba la personalidad del Apóstol a través de la evocación de pasajes de su vida así como descartó la perniciosa tendencia contemporánea de no catalogar a Martí como una vox populi: “Hay una corrientica por ahí, dos o tres voces, que aseguran toda esa bobería de que el intelectual no es la voz popular, que no representa las grandes masas. Martí es más que eso, es el pueblo hecho verbo y acción en toda su dimensión”.