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A mí me encanta leer

por: Yanet Bello Reyes

«A mí me encanta leer» era un comentario que hacía una muchacha a su novio, al mismo tiempo que se disponía a morder un gran trozo de pan con jamón. Yo la escuché por casualidad mientras me dirigía a una sala de presentación en la Cabaña. No por la circunstancia dudé de su afición. Al contrario, pensé: «qué bueno sería escucharlo más a menudo, especialmente de mis alumnos de preuniversitario» que, debo reconocerlo, carecen de una base que les permita disfrutar la lectura.

La frase inicial vino de nuevo a mi mente cuando este mediodía, en la sala Portuondo, la editorial Pueblo y Educación dio a conocer La literatura, aprendizaje y disfrute, de Bárbara Maricely Fierro y Rosario Mañalich Suárez. El texto está dirigido a profesores y docentes en general y, particularmente, a los de Español Literatura. Tiene como objetivo ayudar a los educadores a crear en clase un espacio donde se combine disfrute y aprendizaje en el proceso docente.

La literatura…aporta, además, elementos teóricos y metodológicos útiles para la dirección de la enseñanza y consta con un alto nivel de actualización. En la nota de contracubierta se destaca una frase de Sábato: «La lectura debe estimular la fantasía del ser humano para que no viva exiliado de sí mismo».

La editorial Pueblo y Educación está dedicada a la publicación de libros de texto, pero no se suscribe solo a esto. En su producción se cuentan obras de diversos temas dirigidas a un amplio público.

Otro libro indispensable fue promocionado en ese mismo espacio, Historia de Cuba 1899-1958. Estado nacional, dependencia y Revolución, de los investigadores e historiadores Francisca López Civeira, Mario Mencía y Pedro Álvarez Tabío. Esta entrega, según los autores, no constituye propiamente un libro de texto, aunque se puede utilizar para esos fines. Es, sin embargo, una publicación imprescindible para que cualquier lector pueda estudiar e identificarse con el proceso histórico nacional. En esta compilación se encuentra la esencia de los procesos económicos sociales, culturales y políticos de la Cuba de esta etapa.

Al final de las presentaciones, feliz por haber encontrado material útil para mí, no pude evitar una sonrisa. La sala de actividades está cerca del muro que da al mar, y allí, en el muro, estaba sentada una muchacha vestida de uniforme de preuniversitario, con un consabido pan con jamón en la mano y un libro en la otra. Entonces recordé la canción interpretada por Mercedes Sosa: «quién dijo que todo está perdido».