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Cobertura informativa

Los del 62

por: Teresa Fornaris

Como una reunión de amigos, La Casa de la Poesía celebró el aniversario 50 de varios poetas cubanos. Al amparo del poema “Nosotros los del 62”, de Reynaldo García Blanco, la nómina incluía a Charo Guerra, Miguel Cañellas, Adriano Galiano, Carlos Zamora, Luis Hugo Valín y otros.

Aunque no todos los invitados pudieron asistir, más por impedimentos logísticos que por los verdaderos deseos de acompañarse mutuamente, el encuentro estuvo lleno de anécdotas y buena poesía.

Conozco a Reynaldo hace más de diez años y siempre admiré su manera de ser promotor incansable, con nuevas y buenas ideas, y esa manera especial de encantar leyendo sus poemas, no solo por lo que dice sino también por cómo lo dice. Muchos piensan que es santiaguero, sin embargo, Reynaldo, también ensayista y guionista de radio, nació en Sancti Spíritus, en abril del obvio 62 y vive en Santiago de Cuba desde hace muchos años. Se me ocurre decir “cuenta la leyenda…” que mientras otro poeta veía pasar los carros hacia occidente y tomó uno, Reynaldo, en la acera del frente, lo tomó en dirección contraria y así llegó a Santiago. Lo cierto es que allí ha hecho su vida, ha dejado su huella.

Eligió para leer en primer lugar, el poema que ha dado título a la cita, y agradeció a Caridad Atencio y Rito Ramón Aroche por la amistad y los intercambios sobre la organización de las lecturas. Contó algunas anécdotas sobre La Estrella de Cuba, aquella bellísima expedición en la que bogaron poetas y trovadores por muchas ciudades y otros tantos rincones del país.

Carlos Zamora, matancero, buen amigo, afable,excelente poeta, también nos acompañó. Marcó su especial relación con la ciudad al borde del mar y a ella dedicó su primer poema. Dice que asistió a los inicios de lo que hoy es el gran amor de Reynaldo, la poeta y promotora santiaguera Mirna Figueredo y en esa broma-grave dedicó otro texto a un hombre importante en su casa, decía, el carpintero. Literalmente el que trabaja con la madera, aunque todos de algún modo sonreímos por la ingeniosa seriedad.

En una entrevista publicada precisamente en Cubaliteraria, Carlos Zamora, además narrador, afirma que siendo la poesía el género al que más recurre, trata de ofrecer desde (su) modesta posición de hombre común, una mirada en la que otros pueden encontrar asideros.

Consecuentes con sus espacios y estados, los poetas que leyeron, los amigos que los escuchamos, disfrutamos del avance vespertino, del té y el café al que nos convidaron, del vino —que no del error, recordando a otra poeta santiaguera— con el que homenajeamos a los que llegaron nuevos a la “media carreta”.