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Rosendi: No vamos a dejar que la poesía muera

por: Madeleine Sautié Rodríguez

La presentación en La Cabaña del poemario Casa de familia de Ediciones Luminaria ha traído a su autor, el poeta espirituano Esbértido Rosendi Cancio a La Habana. 

A propósito de la nueva entrega, y aprovechando la presencia en la capital de este bardo que honra la literatura espirituana y nacional, Cubaliteraria conversó con Rosendi, Fundador de la editorial que rubrica su libro, de la revista La pedrada, y de la Jornada Nacional de la Poesía, que sigue celebrándose exitosamente en su provincia.  
 
¿Quién aparece en primer plano en el poemario?

Está el hombre desde su unicidad hasta su carácter colectivo. Y particularmente está mi familia que se hace extensiva hasta la familia del hombre. Está mi visión totalizadora de mi experiencia como ser humano, de lo general a lo particular.

¿Qué temas prevalecen?

Hay variedad de temas pero también está el universo de los poetas y en él hay referencias a Gastón Baquero, Ángel Escobar, Martí, José Ángel Buesa, Virgilio López Lemus, César López, entre otros.

A usted, periodista y poeta, se le ha reconocido también como un prominente promotor cultural. ¿Lo acepta así?

Realmente he trabajado mucho para promocionar la cultura. Hace 25 años que dirijo el taller provincial literario, un taller bien fuerte no solo para jóvenes talentos sino para todos, allí hay espacio para todos y lo hemos defendido en todas las etapas, incluso en las más difíciles, contra viento y marea.

Los cimientos de lo que es hoy la jornada nacional de la poesía lo tiene a usted en su génesis…

La madrugada nos cogía recitando poesía en el parque Serafín Sánchez allá por el 87. Un día se nos ocurrió hacer un evento que reuniera a muchos poetas. Ese año celebramos un primer evento que no se llamó todavía jornada de la poesía y estuvo dedicado a Fayad Jamís por la veneración que le teníamos todos los jóvenes que nos poníamos a hablar de poesía y a recitar sus poemas hasta el amanecer.

¿Cómo recuerda las primeras jornadas?

En el 89 se celebró la primera jornada y se les dedicó a Raúl Ferrer y a Félix Pita Rodríguez. Ya la del 90 fue memorable y estuvo dedicada a Eliseo Diego. En e 88 ya Fayad había muerto y se le volvió a dedicar. En aquel entonces yo era Director de literatura del Centro del Libro y vicepresidente de la UNEAC. Este es el verdadero evento de los poetas cubanos. Por aquí pasó Carilda, el Indio Naborí, Francisco de Oraá, Roberto Friol, Roberto Fernández Retamar…

¿Cuál es para usted la principal divisa de estas jornadas?

Su principal valor es haberla hecho, el que persiste casi siempre triunfa. No vamos a dejar que la jornada de la poesía muera, ni que la poesía muera, esta es la verdadera fiesta de la poesía cubana.

¿Qué sentimientos lo embargan cuando piensa en aquellas jornadas primeras de la poesía?

Fueron muy importantes esas jornadas para solidificar las voces que hoy se están escuchando. Ellos las esperaban. Muchos poetas vinieron de polizón escondidos y decían “Estamos aquí, dormimos en el piso”, pues no estaban todas las condiciones creadas, y es una cosa increíble lo que hicimos y lo que consiguió la jornada. Hubo años en que decayeron por la situación económica y por incomprensiones de todo tipo, por trabas burocráticas. Ahora se celebran cada dos años.

¿A quien estará dedicada la próxima?

Se la vamos a dedicar Marti y a Caridad Atencio, martiana y poeta, y en el 2014 celebraremos  el quinientos aniversario de la Fundación de la Ciudad.

¿Guarda alguna creación narrativa?

Tengo una novela juvenil casi terminada, Los cuentos de Rosandra, una muchacha que viaja en el espacio y en el tiempo. Todos los personajes vienen a Sancti Spiritus y todos pretenden salvar el mundo: Napoleón, Giordano Bruno, y Antoine de san Exuperi… resulta que los piratas  se han llevado el gallo de oro espirituano, estoy disfrutándola mucho.  En ella se vuelve a ver la casa universal.