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Angola: “una literatura que dice cosas nuevas”

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

La reconocida escritora angolana María Celestina Fernandes trajo ante el público cubano una representación de su obra, como muestra de la importante labor que se ha realizado en su país por hacer una literatura propia para niños y jóvenes.

Este conversatorio tuvo lugar durante el cuarto día de sesiones del IX Encuentro Teórico “Niños, autores y libros: una merienda de locos”, que organiza cada año la Editorial Gente Nueva, en el contexto de la Feria internacional del Libro, y en esta ocasión tuvo como sede la Sociedad Cultural José Martí.

El diálogo fue guiado por el traductor y uno de los mayores especialistas cubanos en literatura angolana, Rodolfo Alpízar, quien afirmó con toda certeza que María Celestina “no es una autora de un país, sino que ya pertenece a la literatura mundial”. Allí, desde las manos de la creadora, un  abanico de libros con llamativos dibujos, como son los libros hechos para niños, reafirmaba esa sentencia evidente.

María Celestina recuerda que todo empezó cuando escribió un cuento para entretener a sus hijos, luego quedó sorprendida por la entusiasta acogida de los muchachos, que la obligaron a escribir uno diario. Fue por eso que cuando el gran poeta y entonces ministro de cultura, Antonio Jacinto, le propuso publicar sus historias engavetadas, ya había adquirido desde su función materna la práctica de escribir todos los días.

Aquel primer libro era una pequeña colección de cuatro cuentos que se agruparon bajo el título La mariposa color de oro, y precisa la autora que trataban temas de “la solidaridad, amor, respeto por los mayores, la naturaleza, toda la sociedad angolana se reflejaba en ellos”.

María Celestina Fernandes recordó con alegría a la llamada época dorada de la literatura infanto-juvenil en Angola, en la década de los años 80, cuando los funcionarios gubernamentales se percataron de que hacía falta promover una literatura autóctona para los más pequeños. Hasta ese momento solo se leían en el país africano los clásicos de referencia, como los hermanos Grimm, Perrault, Hans Christian Andersen, entre otros.

Después sobrevino una gran difusión de la literatura para niños, a través de las más importantes emisoras radiales y diario del país. Fue un período muy productivo, con grandes tiradas que llegaban varios lugares, no solo a Luanda, a precios muy baratos, y “las personas compraban montones de libros, aunque no supieran leer, porque tenían la esperanza de hacerlo algún día, con la campaña de alfabetización”, recuerda la escritora.

Incluso antes de la independencia de Angola, cuando no podía ni siquiera existir aún una industria literaria nacional, se registran libros clásicos que contribuyeron a formar un pensamiento nacionalista en las nuevas generaciones, incluso sin proponérselo. En un ambiente de guerra surgieron una especie de hojas sueltas que servían para las escuelas de guerrilla, y que después se convirtieron en títulos antológicos como En la selva los animales hablaron, de Maria Eugenia Neto viuda de del líder angolano Agostinho Neto; y Las aventuras de Bunda, del autor Artur Pestana, conocido como Pepetela. Este último se editó nuevamente para esta feria literaria, luego de que las dos ediciones cubanas anteriores gozaran de una gran aceptación por el público, apuntó el director de la Editorial Gente Nueva, Enrique Pérez Díaz.

En el conversatorio, María Celestina Fernandes mostró también  a los presentes otras de sus obras de poesía y cuento para niños y jóvenes, como son Un arcoíris, La estrella que ríe, Soñando, El presente, Los dos amigos, El árbol de los jimaguas, este último premiado en Brasil con el diploma de Libro Altamente Recomendable.

Pero esta escritora no solo escribe para niños, sino que ha incursionado también, y con gran acierto, en la literatura para adultos, cuando decidió “extender sus cuentos”. Fue entonces que llegaron novelas asombrosas como Los paños blancos y otros textos como Maxiluanda, que habla de la conservación de las tradiciones nacionales, más allá del amplio desarrollo cosmopolita.

Tras breves reseñas de la escritora angolana sobre algunas de sus obras, Rodolfo Alpízar enunció una reflexión cautivadora: “los autores africanos tienen muchas cosas que decirnos que no sabemos, porque estamos acostumbrados a oír solo las voces de los países más desarrollados…y esta es una literatura que dice cosas nuevas”.