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Cobertura informativa

A un click del próximo poema

por: Teresa Fornaris

Alrededor de la poesía, su ejecución o práctica mediante las nuevas tecnologías, se conversó este jueves en La Casa de la Poesía. Raúl Aguiar, Claudio Sotolongo y Yonlay Quindemil, presentaron diversas aristas de lo que se ha denominado como ciberpoesía o poesía electrónica, aquella que necesita, invariablemente, del medio digital para expresarse.

Los panelistas explicaron sobre la función estética del lenguaje dentro de la ciberliteratura. Raúl Aguiar, conocido narrador y poeta, mostró algunos ejemplos donde los textos, narrativos o poéticos, emplean diversos recursos tecnológicos, desde el simple hipertexto, la animación bi- o tridimensional, hasta las más avanzadas interfases de realidad virtual. Mediante algunos diagramas expuso el funcionamiento de dichas técnicas, con la gran cantidad de caminos —lecturas— posibles y en consonancia, una amplitud mayor de posibilidades para el lector.

Otra terminología comentada fue la holopoesía, la narrativa hipertextual, la escritura colaborativa y el ciberdrama, donde el lector forma parte vital del constructo poético pues “el todo” se completa sólo con su intervención, y al final, su interpretación.

Claudio Sotolongo, graduado de diseño, comenta sobre la búsqueda de interacción con el usuario, donde la forma del texto define su interpretación. Conocido por su participación en las distintas ediciones del evento Arte Digital, convocado por el Centro Pablo de la Torriente Brau, Claudio, afirma que la nueva vanguardia no es formal, sino técnica, pues no se representa el mundo de una forma distinta, sino que se emplean los new media para acceder y representar lo que ya es habitual. En su intervención explicó diversos sistemas operativos que se emplean como parte de la interfaz gráfica en la elaboración de estos textos.

La poesía visual es casi tan antigua como la poesía escrita y al respecto Yonlay Quindemil recordó la existencia de caligramas y otros poemas figurativos. En su opinión lo visual es algo inherente al poema desde la antigua Grecia, solo que no existía un verdadero interés de que esta visualidad tuviera un peso equivalente al de la propia palabra en el poema. Quindemil presentó varios proyectos donde esta visualidad queda unida a la significación del poema en el ámbito digital.

Generadores de poemas, estrofas, versos o palabras intercambiables, textos que se redimensionan según la participación del lector/usuario; un soporte de comandos, indicaciones, ceros y unos que se prolongan o no para continuar movilizando la sensibilidad.