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Sueños y realidades

por: Wilber Gómez

A propósito de la 22 Feria Internacional del Libro Cuba 2013, se presentó el pasado 20 de febrero, en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, una novela ilustrada, caracterizada por situaciones poco cotidianas y muy extrañas, pero de un sorprendente realismo mágico: Alí en el País de las Alcantarillas, de los españoles Joaquín Recio Martínez e Ibán Díaz Parra.

Dos niños son los protagonistas de esta maravillosa historia. Ellos acceden a un país a través de las alcantarillas o un sueño, alegoría  a los niños africanos que cruzan la frontera española a través del estrecho de Gibraltar. Allí comienza y se desarrolla la trama, con la complicidad de personajes que van desde señoras malvadas hasta policías. Es un libro de aventuras y, al mismo tiempo, de supervivencias.

Hamed y Alí son apenas dos de esos tantos niños y niñas de la calle que transitan por la real y sitiada ciudad española de Melilla, unos de tantos que andan y desandan por todo el planeta buscando lo mucho que tienen otros y que es, en la mayoría de las ocasiones, inalcanzable para ellos.

En el prólogo del texto, los autores se hacen y nos responden varias interrogantes, las cuales deben fortalecernos el cuerpo y el alma: ¿por qué hoy a esos niños se los desprecia, se los encierra, se los persigue y se los mantiene permanentemente asustados? ¿Por qué los inmigrantes menores de edad, en nuestros países, Pulgarcitos modernos dignos de amor y solidaridad, son en cambio objeto de rechazo y marginación? ¿Por qué los europeos solo toman partido, financian y apoyan a los que se “comen” a estos niños aventureros perdidos en nuestros bosques y acosados en nuestras casas de chocolate?

Alí en el País de las Alcantarillas es, en sentido general, un cuento clásico que reivindica una tradición radical, fundacional, a la que la Europa xenófoba ha vuelto la espalda. Es un cuento que trata de recordarnos dos principios que son ignorados actualmente: que los inmigrantes son los aventureros de hoy y que los ogros son los de arriba. Es un texto que podría transformarse en denuncia universal.

Según sus escritores, Joaquín e Ibán, en el llamado viejo continente han admirado siempre a esos niños que cruzan bosques poblados de lobos para enfrentarse a brujas y monstruos y que, a punto de ser devorados, logran salvar sus vidas y volver a casa con un tesoro. Por eso, los cuentos nos enseñan dos cosas: la primera, que los ogros existen; la segunda y más importante, que se pueden vencer.