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Cobertura informativa

Una "hórnada" de revistas literarias en el Centro

por: I.Rodríguez

"Hórnada", dijo uno de los asistentes al panel. Horda, añadió otro. “Hornada”, rezaba el programa oficial. Y no de revistas, sino de escritores jóvenes en las publicaciones culturales latinoamericanas”. Centro Cultural Dulce María Loynaz.

Para Óscar Saavedra, poeta y chileno, la pregunta de partida para este tipo de proyectos es: ¿Una revista para qué? ¿Cómo reformular el concepto de “revista literaria”? En su aventura “revistera” actual, Po(éticas), a la que le antecedió  Indie.cl, Óscar ha optado por ir al encuentro de la poesía al interior geográfico, pero también social, de su país. Es así que publica textos de poetas niños, y de autores provenientes de minorías étnicas.

El cubano Rafael Grillo, editor de El Caimán Barbudo, tomó el batón para ponderar, como antes lo hizo su colega chileno, la iniciativa del Centro Loynaz, que ya lleva tres años de rodaje. La importancia de este tipo de eventos para crear nodos entre autores y revisteros, es proverbial. Y ponía como ejemplos el haber encontrado poemas del matancero Karel Bofill en portada de la mexicana Gaceta Literal, así como el dossier de minificción cubana, con algunos autores muy jóvenes, de su coterránea Papeles de la Mancuspia,  también presente.

En opinión de Grillo, «Latinoamérica, como espacio simbólico en construcción, se construye en estos encuentros de escritores y editores». En su caso particular, él aboga por rescatar el espíritu latinoamericanista que caracterizó el momento fundacional y largas etapas de su publicación. Y no es letra muerta: ahí está el número 373, que ve la luz precisamente en estos días de feria, dedicado a la literatura actual del continente, e incluyendo, a manera de separata, un número especial que, en la misma cuerda, las hordas (u hórnadas) mancuspianas prepararon para acompañar el envite. En breve, serán nada menos que  veinte mil caimanes y otras tantas mancuspias mordiendo por toda la isla.   

Tocó el turno a Eldys Baratute, de la guantanamera El mar y la montaña. La tropa del Guaso gesta (con toda la dosis de épica que le cabe a la palabra y que no es difícil imaginar) tres números al año, «con el objetivo de contribuir a visibilizar la literatura cubana», al igual que sus homólogas del sistema de Ediciones Territoriales. Pero para el también escritor, quizás sea hora de que estas revistas provinciales rompan con las fronteras geográficas y comiencen a publicar autores de otras latitudes.  Desde luego, en sintonía con la experiencia de Óscar Saavedra, para Baratute el gran problema sigue siendo la distribución.

Y precisamente sobre este tema llegaron las palabras de Andrés Márquez, de la ya mencionada Gaceta Literal, y aquí aparecieron los primeros visos de contrapunteo en el panel: en opinión de Márquez, hay una saturación de revistas literarias, y esto dispara un mecanismo según el cual dichos proyectos terminan siendo, en no pocas ocasiones, vías de auto-edición para los miembros de sus propios consejos editoriales.  

Por su parte, el mancuspiano Fernando Elizondo profundizó en la línea iniciada por Márquez, cuando abogó por «desmitificar un tanto el tema de las revistas literarias, ya que a veces se les atribuye un significado que no tienen». De entrada, ¿Es una función de las revistas formar escritores? Y en cuanto al lector, amén de que cada proyecto debe tener su público-meta identificado, ¿hasta qué punto es válida esa pretensión de orientar a los lectores? «Si haces una buena revista, tendrás un buen lector», concluyó. 
 
Era ahí donde empezaba el debate, pero no hubo tal. Apenas antes del final, los panelistas volvieron a coincidir ante una pregunta del público, en este caso, de una de las integrantes del proyecto virtual Síncope, también mexicano: independientemente de sus objetivos esenciales, una revista literaria, en principio, no tendría que encasillarse en publicar autores de una determinada región.

Y ya. Aplausos, buenos deseos recíprocos, y una hornada de asistentes deseosa de hacerse con algunos números de Papeles de la Mancuspia, mientras en la otra mano sostenían su Gaceta Literal... Hasta el año que viene.