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Regresan las contradanzas para denunciar a quienes dieron latigazos

por: Yasmín S. Portales Machado

La sala Cordeiro da Mata, pabellón dedicado a Angola dentro de La Cabaña, fue considerada escenario propicio para la presentación de la tercera edición (corregida y aumentada) del clásico ensayo de Reynaldo González Contradanzas y latigazos.

El salón estaba desbordado, pues el nombre de Reynaldo atrae públicos amplios, poco habituales entre autores de temas “áridos” como el ensayo y la investigación histórica. Pero es que este hombre de ojillos brillantes es también poeta, narrador, crítico de cine, y –lo más importante– buena persona. Eso garantiza el apoyo de colegas y amigos. Por esas u otras razones, entre los asistentes estaban Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz; los poetas Pablo Armando Fernández y Antón Arrufat, honrados con el Premio Nacional de Literatura; escritores; historiadores; críticos literarios; editores; y otras personas interesadas en nuestra novela nacional y el siglo XIX cubano.

El panel de presentación lo integraron cinco personas: Tupac Pinilla, editor de este nuevo Contradanzas y Latigazos; Cira Romero, investigadora y ensayista, asesora literaria; José Antonio Raujin, editor de La Siempreviva; Félix Julio Alfonso, historiador y el mismo autor, Reynaldo González.

La primera intervención correspondió a Tupac Pinilla. Este conocido editor y realizador audiovisual llamó la atención sobre la actualidad del debate social que aborda Contradanzas y Latigazos. Afirmó que se trata de una lectura de Cecilia Valdés que comprende que uno de los problemas de Cirilo Villaverde es tratar de ser tolerante. En especial el capítulo final, especificó, parece escrito a propósito de los problemas que la intelectualidad de Cuba se hace hoy. Eso es lo que más me gusta, concluía, la contemporaneidad del texto.

Cira Romero, asesora literaria, leyó un texto que narraba en clave de comedia el proceso de creación de esta tercera edición. En el relato, Tupac Pinilla, José Antonio Raujin, y ella misma, eran esclavos obligados a realizar el trabajo de edición imaginado por Reynaldo, el amo que lo mismo hacía restallar el látigo, exigente, que servía tragos de vodka con jugo de naranja, para tranquilizar a su dotación. A través del metafórico escenario, Cira explicó que hubo apenas un cambio en el texto. El verdadero cambio fueron las imágenes y textos incorporados, que dialogan con el material original desde los márgenes de las páginas, cada grabado, daguerrotipo o viñeta está debidamente identificada. El proyecto fue entonces taller de edición, investigación y diseño.

Al final de su relato, Romero reveló que ya las prensas esperan otro proyecto conjunto con Reynaldo González. Se trata de una edición anotada de Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, asunto en el cual el famoso escritor la introdujo con la misma sutileza con que acabó involucrándola en la realización de Contradanzas… Por suerte, concluía, su siguiente empeño será una novela, y yo podré mantenerme alejada.

Las palabras de José Antonio Raujin comenzaron con el análisis de la personalidad de Reynaldo González. El joven editor no dudó en calificar al autor como un clásico de la literatura cubana, pues sus textos son reconocido material de referencia por la academia y la crítica literaria. Prueba de ello es que siete veces le ha sido otorgado el Premio de la Crítica, una de esas veces por Contradanzas y Latigazos.

Respecto al volumen, comentó que es oportuno porque pone el dedo en la llaga del racismo en la fundación de la nación. El racismo es un tema que se debate hoy en Cuba, y Reynaldo ayuda, al presentar de nuevo una visión crítica de la visión edulcorada del siglo XIX que nos legó el patriciado. Desmonta para ello personajes, escenarios, la filosofía de la época. Todo con el objetivo de añadir una percepción diferente de la historia tradicional, que reconozca las voces silenciadas, anónimas.

De acuerdo con Raujin, otro elemento que hace singular a Reynaldo González es que nunca da por terminado un texto. Es por eso que regresa, ya por tercera vez, a Contradanzas y Latigazos. Al trabajo que, en la década del setenta Manuel Moreno Fraginals calificara de “muy significativo”, se suman ahora más de un centenar de grabados, así como viñetas que contienen textos de diferentes géneros, tomados de autores de los siglos XIX y XX cubanos. Esos elementos establecen un diálogo con el ensayo de González.

La amplia y documentada intervención del historiador Félix Julio Alfonso, se detuvo en las implicaciones éticas de escribir y publicar un texto como este. Y es que, ya en la segunda mitad del siglo XX, parecía que estaba todo dicho sobre Cecilia Valdés o La Loma del Ángel. Alfonso no dudó en calificar de “audaz” el gesto de acercarse sin miedo a los elementos míticos de la nación. Al hacerlo, Reynaldo González rompió con el modelo de la Virgencita de Bronce e ilumina los ángulos ciegos del relato: el racismo, el sexismo de los personajes y del mismo Villaverde. Este acercamiento revela, también, muchos espacios para nuevas investigaciones sobre la sociedad que resume la novela.

Respecto a la actualización de la obra, coincidió en el valor del diálogo entre el ensayo y los textos o ilustraciones de los márgenes. Se declaró sorprendido de que alguien que no es historiador profesional tenga una visión tan amplia de la historia. Por último, mencionó tres elementos documentales de alto valor incluidos en esta edición: el “Prólogo” de Cirilo Villaverde a la versión definitiva de su novela, la cuidadosa cronología referida al autor y la novela y la transcripción de las entrevistas que Richard Madden hiciera a Domingo del Monte en 1838, sobre la religión, la sociedad y la esclavitud.

Las palabras de Reynaldo González fueron breves y modestas: agradecimientos y declaración de principios.

Sus primeras palabras fueron a la memoria de Manuel Moreno Fraginals, al cual Félix Julio llamara minutos antes “el mayor historiador del siglo XX cubano”. Fraginals marcó la obra de Reynaldo González, que fuera su discípulo y ayudante por años, en las salas de investigación de la  Biblioteca Nacional de Cuba.

Según González, de los largos debates que llevaron al surgimiento de El Ingenio, de Fraginals, aprendió a ver en Cecilia Valdés más que el argumento romántico. Leerlo como la historia de una mulata arribista que intenta enredar al joven millonario y tarambana es “kish”, afirmó, porque, de hecho, Villaverde dedica muy pocas páginas a la historia de amor y la mayor parte al análisis social. Ni siquiera fue vista como romance en el momento de su publicación, sino que los jóvenes que venían a la Guerra de Independencia la cargaban en sus mochilas como recordatorio de por qué había que lograr la independencia.

Revisar esa historia es necesario para ver los mecanismos del racismo. Ahora el tema resurge en Cuba, y la diferencia es que puede ser resuelto, pues vivimos en una sociedad que busca la justicia.

En sus conclusiones, el autor dio las gracias a Tupac Pinilla, Cira Romero y José Antonio Raujin, su equipo de trabajo; a Sigfredo Ariel, quien realizó labores de restauración documental desde España; a Rogelio Riverón y Francisco Masvidal, los grupos de la editorial Letras Cubanas, que aceptaron el libro aunque no estaba en el plan de publicaciones, al  Instituto Cubano del Libro, por la amabilidad, y a Palcograf, donde comprendieron que, como autor de la vieja escuela, necesitaba ir y conocer a las personas que imprimieron Contradanzas y latigazos.