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Ambrosio Fornet: “No hay que salvar al libro, hay que salvar al lector”

por: Elisa Beatriz Ramírez Hernández

“Yo pertenezco a una galaxia Guttenberg”, así dibujó el intelectual cubano Ambrosio Fornet su afición por la hoja impresa, el libro en su formato más tradicional. De su labor como editor, la formación de un gusto literario en lectores potenciales y las nuevas tendencias de consumo de la literatura, habló Fornet en una conferencia, que tuvo lugar a propósito de la 22 Feria Internacional del Libro de La Habana.

El ensayista, escritor y guionista de cine, Premio Nacional de Literatura 2009, relató en una amena presentación sus impresiones sobre el tema, ante el público reunido en la Editorial Poligráfica Félix Varela. Su análisis se basó en la interrelación entre dos ciclos: uno mercantil, producción-distribución-consumo, y uno comunicacional, emisor-mensaje-receptor.

¿Cómo se forma el gusto literario? Esta fue la interrogante que guió la exposición de Fornet. Recordaba, como quien hace el propio cuento de su vida, aquellos años setenta en que trabajó al frente de la recién creada Editorial Nacional, con la misión de formar un público para una literatura más novedosa. Así fue como su primer plan editorial incluía obras de los vanguardistas Proust, Joyce y Kafka, una renovación total de la orientación literaria, sobre todo en los sectores más jóvenes.

Sin embargo, percibieron los editores otro grupo de público que se quedaba fuera de esta línea, las mujeres aficionadas a las novelas de amor y los hombres consumidores del género policíaco. Pero, advirtió Fornet, como “no se puede competir con Corín Tellado en su terreno”, decidieron entonces intentar “entrar en su mundo por una puerta lateral”.

Acto seguido, se publicaron obras emblemáticas como Diario de amor, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, y Cumbres borrascosas, de Emily Bronte. Lo mismo sucedió con clásicos de la novela policial, como Raymond Chandler, que no solo se planteaban buscar quién era el asesino. “Una de las formas que se puede formar el gusto es esa, haciendo trampas”, sentenció Ambrosio Fornet, porque “no es lo mismo el asunto que el tema”.

Recordó entonces el intelectual una frase de Karl Marx que se convirtió en principio guía de su actividad editorial durante décadas, en esencia resume que “el artista cuando crea una nueva obra de arte para el espectador, crea también un nuevo espectador para la obra de arte”. De ahí que el conferencista enfatizara en que “el libro, como el arte, tiene una función transformadora”.

Más allá del rol que ejercen las políticas editoriales, Fornet llamó la atención sobre la actuación de las familias y los maestros en la conformación del hábito de lectura en los niños, pero no por el camino de la imposición, sino de la integración a una realidad determinada.
A partir de este punto, entra a jugar otra característica de la contemporaneidad, la influencia de la imagen y los medios audiovisuales en el consumo de libros. Como “la lectura es un diálogo con uno mismo y con el autor”, apunta Fornet que esta labor “requiere un nivel de concentración que es difícil  de lograr ahora con los jóvenes y niños… porque los medios bombardean de imágenes a los posibles lectores… quieren que se dispersen, para luego poder venderles cualquier cosa”.

Sin embargo, declara el escritor que no rechaza los avances tecnológicos ni el entretenimiento, sino que es preciso desarrollar en todos los tipos de públicos “la capacidad de entretenerse con la lectura, porque uno se entretiene leyendo lo que le interesa”. Finalmente, sentenció Ambrosio Fornet, “no hay que salvar al libro, hay que salvar al lector”.