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Espada y corazón

por: Wilber Gómez

Máximo Gómez, espada y corazón, de la desaparecida autora Mercedes Santos Moray, fue unos de los títulos presentado ayer, 19 de febrero, en la sala Portuondo de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. El texto da a conocer la personalidad del Generalísimo desde su condición humana, y en el que sobresalen sus valores personales, ideas, pensamientos y emociones.

Su infancia y adolescencia las pasó en su tierra natal, la actual República Dominicana. Cuando llegó a Cuba, como oficial del ejército español, su conciencia se transformó al ver el espectáculo desolador de la esclavitud de los negros y los desmanes de los colonialistas contra los criollos. Cuando se produjo el alzamiento del 10 de octubre de 1868, se unió a las fuerzas comandadas por Carlos Manuel de Céspedes, con el grado de sargento. Entrenó a las tropas mambisas en el uso del machete como arma de combate, protagonizando la primera carga al machete de la guerra de los Diez Años.

Con un lenguaje poético y atractivo, la autora nos muestra a un Máximo Gómez apasionado, cuando de sus seres más queridos se trata, pero por sobre todas las cosas, a un hombre, a un ser humano con virtudes y defectos. Como militar de experiencia pronto supo ganarse el reconocimiento de todos los que integraban el ejército mambí. En abril de 1895 llegó, junto a Martí, al oriente cubano para incorporarse a la última etapa de lucha contra el dominio español. Tras ser constituida la jerarquía militar del Ejército Libertador, Gómez es designado general en jefe. Luego de la intervención de los Estados Unidos, mediante un manifiesto a la nación, el Generalísimo expresó:

...Extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano, volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse. Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo.

Gómez es ejemplo de internacionalismo, pues dedicó la mayor parte de su vida a su "querida y sufrida Cuba", como él mismo dijera en alguna ocasión. Podía ser cortés con el valiente enemigo, pero implacable con los cobardes o los indisciplinados. Su brillante estrategia militar, su ejemplo personal y su estilo de mando, le posibilitaron llevar a cabo campañas e invasiones sin precedentes históricos en las luchas armadas de nuestro país.

Su conducta desinteresada al retirarse de los asuntos políticos, luego del triunfo de las fuerzas mambisas —triunfo mediatizado y usurpado por la intervención norteamericana—, también fue admirable; nunca deseó protagonismo alguno en la vida civil cubana en la que, en realidad, tenía derecho por sus extraordinarios méritos. Aunque fueron muchos los grandes patriotas criollos, cuando se cita la trilogía de hombres fundamentales de las guerras de independencia en Cuba, Máximo Gómez está junto a José Martí y Antonio Maceo.