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El proyecto Tahití: la utopía de un mundo mejor parece posible

por: Martha Isabel Andrés Román

En el año 2012 la Tierra se muestra al límite de sus posibilidades. El consumismo cada vez más entronizado y dominante ha conducido al ser humano a un estado de irreconciliable relación con la naturaleza y el caos señorea  por todas partes. Las grandes estructuras del capitalismo, las transnacionales sustentadas sobre un crecimiento desmedido, comienzan a prepararse para la batalla por el control de los cada vez más escasos recursos naturales. El panorama se percibe verdaderamente desolador.

Pero ante el apocalíptico escenario, una isla de la Polinesia Francesa, en medio del Pacífico, parece tener la solución para la anárquica espiral en la que se encuentra el hombre. En la lejana Tahití sus habitantes han logrado un cambio ecológico completo. Inadvertida para el resto del mundo, una sociedad moderna se ha ido formando en armonía con la naturaleza.

Coches electrónicos hechos de fibras vegetales ruedan por las calles de la isla, todas las fuentes de energía son renovables, los alimentos se cultivan de una forma biológicamente dinámica, nadie trabaja bajo la presión de la economía, el objetivo de las empresas no es crecer continuamente y aumentar su producción,  los ciudadanos utilizan su tiempo libre para la construcción de una democracia más amplia y para su propia búsqueda espiritual.

Ese es el mundo que recrea el germano Dirk C. Fleck en su novela El Proyecto Tahití, obra que en 2009 mereció el Premio Alemán de Ciencia Ficción y que ahora llega a la 22 Feria Internacional del Libro, Cuba 2013, bajo el sello de la editorial Arte y Literatura. Pero aunque la narración parece ser utópica, aunque el calificativo genérico que recibe el texto es el de ciencia ficción, casi todas las tecnologías y conceptos empleados por el autor existen en la actualidad.

El problema quizás radique, como expresa en el prólogo del libro el Premio Nacional de Ciencias Sociales Pedro Pablo Rodríguez, en que «aún son pocos los que se plantean claros programas y proyectos para sustituir esta cultura por otra solidaria, humanista, inclusiva, mientras cada vez se hace más patente que las alarmas dadas por los ecologistas en cuanto a la pérdida acelerada de la capacidad del planeta para ser habitable por nuestra especie, son verdades que, tristemente, constatamos con mayor frecuencia».

Durante la presentación del volúmen, en la sede de la Asociación Cubana de Naciones Unidas, el destacado investigador e historiador manifestó que la novela es una crítica al capitalismo desde un ámbito específicamente literario y consideró que muchas veces la literatura puede aportar más de lo imaginado cuando se quieren hacer análisis teóricos y filosóficos.

El hilo conductor de la narración es Cording, un periodista alemán que trabaja para el mayor medio masivo de comunicación, quien es enviado a la isla para reportar sobre el armonioso proyecto ecológico que se vive allí. Las vivencias del recién llegado, con intensos momentos de aventura e incluso, con una historia de amor entre él y Maeva, la hermana del presidente del país, aportan el gancho necesario para combinar una interesante temática y una trama atractiva.

«Ese es otro plano importante de una obra como esta, una novela siempre va a llegar a un público más amplio que un estudio teórico. Agradecemos que este libro se ponga en manos, no solo del lector cubano, sino hispanoamericano en general» manifestó Rodríguez en el lanzamiento de la primera traducción que se realiza de la obra a un idioma diferente al alemán.

Al final del libro, y como aporte adicional, se ubica un glosario con muchos de los términos empleados en la novela que, como dice una nota aclaratoria, “!ya existen en nuestros días! Lo único ficticio es la suposición de que en alguna parte de este planeta realmente hayan empezado a realizar cambios concretos hacia un modo de vivir apto para enfrentar los desafíos del futuro.”

Con todos esos elementos, El proyecto Tahití se presenta como una visión optimista sobre la posibilidad real de que el ser humano conduzca su destino por un camino de reconciliación con el planeta. Según expresa Rodríguez en el final de su prólogo, para el lector contemporáneo la importancia de esta novela es que nos haga comprender el planteo de la posibilidad de un mundo mejor «(…) Ello es una utopía necesaria y perfectamente realizable, siempre y cuando haya proyectos y voluntad para emprender esa aventura de la imaginación y la praxis social», concluyó.