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Cobertura informativa

A la tercera va la de Angola

por: Rogelio Manuel Díaz Moreno

La primera actividad a la que pretendí asistir, dedicada a la literatura de Angola en esta Feria del Libro de La Habana, fue suspendida. Por  urgencias temporales no pude concluir una nota sobre la segunda, y eso que allí pude enterarme de datos tan significativos como el apreciar que esta es la primera ocasión, en todo el hemisferio Occidental, que una Feria literaria es dedicada a un país africano. Este martes, finalmente, he alcanzado la satisfacción de reseñar, aquí, uno de los regalos que, desde aquella fecunda tierra han alcanzado la sala Cordeiro de Mata, perteneciente al pabellón de la nación homenajeada.

Allí encontramos al protagonista de la tarde. Zetho Cunha Gonçalvez, poeta, editor y narrador, nacido en la ciudad de Huambo, bien al centro de Angola. Era muy pequeño, nos relató, y se mudaron para la región de Cutato, una población sin electricidad ni agua corriente, pero con unas condiciones excepcionales para empaparse de la magia de la tierra, los cantos de la selva y la poesía y las tradiciones orales de sus habitantes. Era el único niño blanco de la escuela, cosa que a los otros pequeños, afortunadamente, no le importaba en lo más mínimo, y todos se la pasaban castigados por hablar en la lengua vernácula ganguela. Aquella se convertiría en su patria poética.

La conversación entre poeta y público habría de avanzar por caminos marcados, desde el mismo principio, por una gran espontaneidad, que le ofreció un aire de singular familiaridad. Para empezar, el traductor esperado había tenido un percance; por puro azar, Zetho Cunha se había topado, justo frente a la puerta de la sala, con Rodolfo Alpízar, calificado editor, lingüista de nuestro patio y traductor de varias obras de la lengua de Camoens y Neto, a la de Cervantes y Martí. Alpízar y Cunha se compenetraron instantáneamente, en el mejor estilo de fraternidad entre vates, y aquel contribuyó gustoso al desenvolvimiento del encuentro.

Cunha añadió otros pormenores de su ya fructífera carrera, dada la buena treintena de obras publicadas entre narrativa infantil y juvenil, teatro y poesía… aunque le gusta separar esta última, demasiado especial para él como para igualarla con el resto de las manifestaciones literarias. Hoy por hoy, reside en Lisboa dedicado exclusivamente a este mundo de las letras. Sin embargo, hay que mencionar que, como buen bohemio, dio antes una enorme cantidad de tumbos y desempeñó los trabajos más estrambóticos para ganarse la vida.

Si bien la acústica del local tampoco acompañaba al propósito, el carismático autor se propuso obsequiar algunos versos del volumen Terra: sortilegios, cuya presentación formaba parte del encuentro. Nuestro compatriota Alpízar accedió al atrevidísimo reto de improvisar, no ya una traducción poética imposible de construir en tiempo real, pero al menos unos pasajes con las imágenes poéticas que se dejaran atrapar.

Hay que decir que la aventura valió sobradamente la pena. Aunque tal vez fuera por la misma precariedad del empeño, los presentes tuvieron la libertad de asociarse libremente con las fibras que más los conmovieran, relacionados con emociones íntimas, indecisiones existenciales, vértigos de vida, de fiestas, de la noche y de la muerte. Lo mismo se pudo apreciar el encanto de instrumentos construidos a base de objetos comunes, que la delicadeza de una fábula para niños; el zumbido de piedras y flechas envenenadas se mezcló con la imagen de las sombras enigmáticas, entre otras escenas nacidas de la imbricación del
autor con tradiciones originarias del pueblo angoleño.

Con generosidad de hermano, Zetho Cunha se comprometió y aporta a nuestra tierra, además del placer y honor de su participación en la delegación que nos visita, los derechos de reproducción de sus poemas.