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“El escritor nunca puede estar conforme”
Entrevista al escritor argentino Vicente Battista

por: Madeleine Sautié Rodríguez

Uno de los más grandes novelistas latinoamericanos contemporáneos, el argentino Vicente Battista, presentó su novela Cuaderno del ausente, en la sala Alejo Carpentier de La Cabaña.

Cubaliteraria conversó con este autor, amigo de la Isla, quien ofreció importantes referencias de sus experiencias de vida y de sus distintas profesiones.

¿Cuál es su primer acercamiento a la literatura?

Mi casa no era una casa de intelectuales: mi padre era carpintero; mi madre, ama  de casa. El único libro que había era uno de cocina; pero  desde muy chico era lector de revistas y de historietas, los llamados cómics. Me encantaba crear personajes en mi imaginación. Ya el Zorro estaba ocupado y yo creé un personaje que se llamó la Hiena, para deshacer entuertos. Pero después una maestra me explicó que la hiena era un animal  cobarde y carroñero, y me di cuenta de que había creado un antihéroe. Dejé de hacer historietas y empecé a crearme otros personajes. De chico era  muy mentiroso. Todo lo que yo veía lo empezaba a convertir en tema de cuentos.

¿Su primer libro le deparó éxitos?

Conservo todavía la carta firmada por Haydée Santamaría anunciándome que había ganado una mención con mi primer libro Los muertos. La editorial Casa de las Américas publicó después, en 2006, otro de mis libros, El mundo de los otros, y Arte y Literatura editó, en otra ocasión, Del nuevo extremo, Buenos Aires.

¿Qué historia narra Cuaderno del ausente?

Esta es la penúltima de mis novelas y cuenta la historia de Raúl Benavides, un periodista que investiga la muerte de un chico de 14 años, la cual  parece un suicidio, y por meterse en camisa de once varas, empieza a ser perseguido. Es una historia de suspense sostenida por dos líneas argumentales: el amor y el misterio. El mundo del prostíbulo aparecerá en primer plano, y va a  mostrar lo que la prensa oculta.

¿Cuándo le nace una novela y cuándo, un cuento?

Bueno, por ejemplo, si veo a un hombre y a una mujer discutiendo y me empiezo a inventar la historia, ¿por qué discuten, qué les pasa?, eso es novela. O ves que ese hombre se cayó,  y pienso ¿por qué se cayó?, ahí piensas en novela. Pero si te preguntas qué va a hacer cuando se levante, entonces es un cuento, por eso este género se emparienta tanto con el teatro, pues cuando se abre el telón las cosas ya están sucediendo y te vas enterando de quién es quién por lo que van diciendo los personajes, y cuando cae el telón en el último acto termina esa historia. Aunque no quiere decir que termine la historia de esos personajes.

¿Cuánto hay de Battista en este libro que tiene ahora a su disposición el lector cubano?
   
Todos los personajes están concebidos en uno, incluso los más perversos, y cada texto, cada historia, exige una escritura.

¿En la suya hay algún ejemplo peculiar?

En la novela Gutiérrez a secas, estructurada sobre un extraño personaje muy kafkiano, una de las características e imposiciones que me propuse fue que no iba a utilizar pronombres. En esta novela de unas doscientas páginas está repetido el nombre Gutiérrez mil setecientas cincuenta y seis veces. Al lector le molesta al principio, pero después halla un ritmo en que esta repetición se le hace necesaria.

¿Se desempeña en otras faenas?

“Además de redactar notas para el diario Página 12, tengo dos columnas mensuales en el suplemento literario de la Agencia Nacional de Noticias Télam, siempre vinculadas con la literatura, lo que no significa que no haga otras cosas de actualidad, y también  llevo un taller de narrativa hace ocho años en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, un trabajo muy interesante, siempre una vez por semana. Cuando la gente se me acerca para preguntarme qué se necesita para inscribirse, yo digo: tener ganas de escribir, gustar de la literatura.

¿En qué momento, según su experiencia, se unen literatura y enseñanza?

Cuando enseño me gusta contar lo que sé y recibir lo que los otros saben y lo  único que exijo es la literatura en serio por más que hagamos bromas.

¿Y qué es para usted la literatura en serio?

La buena literatura, la buena escritura. El escritor nunca puede estar conforme.